30 mar. 2015

Bélgica














Esperamos con ansias el 20 de marzo hasta que finalmente llegó.
Me suele pasar que en vez de emocionarme antes de viajar, me pongo de mal humor, y las ganas se me quitan sin razón. Como es obvio, ya en el destino las tonterías se me pasan y aprovecho que cada detalle se me quede grabado para siempre.
Lo interesante de Bélgica es ese encanto de cuento infantil, que aparte de ser bello, es tan frío que llega a ser un tanto impersonal (como la mayoría de los países allí arriba). Las construcciones de cientos de años llaman la atención por sus ladrillos característicos; las casas se alargan hacia arriba graciosamente; y no hay calle que no huela a gofre con chocolate. Bendito olor. Deberían crear un ambientador que huela a eso. Pero ya.
Oh, bueno, y la cerveza. Hay que tener cuidado con la cerveza belga. Al cuarto sorbo que le di a una Jupiler se me empezaron a entrecerrar los ojitos y apareció la risa floja acompañada con un fondo de clásicos tipo "Antes muerta que sencilla".
Sólo me queda recordar con una gran sonrisa este viaje, rememorar momentos con mis cuatro compañeras de crimen, y esperar que dentro de un tiempo más nos embarquemos en una tercera aventura todas juntas de nuevo.

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